Diversificación real frente a diversificación aparente
Por qué tener diez fondos no siempre reduce el riesgo
Una cartera con diez fondos distintos puede estar más concentrada que otra con tres. No es una paradoja, es aritmética. Cuando se suman productos sin mirar qué hay dentro, el resultado suele ser una superposición de las mismas diez o quince compañías repetidas bajo envoltorios diferentes.
El problema no está en la cantidad de posiciones, sino en cómo se mueven entre sí. Si dos fondos caen al mismo tiempo en las mismas semanas, no importa que tengan nombres distintos: el riesgo sigue siendo uno. La correlación entre activos es el dato que casi nadie mira y el que más pesa cuando el mercado se tensa.
El peso real de cada posición
Antes de añadir un producto nuevo conviene revisar cuánto representa cada compañía sobre el total. Un fondo indexado global puede tener un 5% en una sola empresa sin que el inversor lo sepa. Si además hay otro fondo sectorial que también la incluye, ese 5% se convierte en un 9% o un 10% sin haber tomado ninguna decisión al respecto.
La forma más simple de medirlo es sumar la exposición efectiva por compañía, no por producto. Se hace una vez, con calma, y suele sorprender. Muchas carteras que parecían repartidas terminan mostrando tres o cuatro nombres que concentran más de un tercio del capital.
Solapamientos entre fondos
Los solapamientos son habituales entre fondos de la misma categoría, entre un indexado y un activo, o entre un fondo global y uno regional. También aparecen entre un fondo de renta variable y un plan de pensiones que replica un índice parecido. No son un error en sí mismos, pero conviene saber que existen.
Una revisión cada seis meses es suficiente. No hace falta sobreoperar ni reequilibrar cada semana. Basta con mirar las diez primeras posiciones de cada producto y comprobar cuántas se repiten. Si la lista se parece demasiado de un fondo a otro, la diversificación es aparente.
Qué hacer sin sobreoperar
El primer paso es medir. El segundo, decidir si merece la pena corregir. En muchos casos no hace falta vender nada: basta con dirigir las aportaciones nuevas hacia lo que falta, en lugar de reforzar lo que ya está sobrerrepresentado. Es una forma silenciosa de reequilibrar sin generar costes ni ruido fiscal.
Si la concentración es alta y el horizonte es largo, puede tener sentido simplificar. Menos productos, mejor entendidos, suelen dar una cartera más honesta que una lista larga de nombres que nadie revisa. La diversificación real se mide por cómo se comportan los activos juntos, no por cuántos aparecen en el extracto.